Papel del drenaje postural en salvar vidas
La historia del drenaje postural se remonta a principios del siglo XX. Aunque se han encontrado evidencias de técnicas respiratorias en civilizaciones antiguas como la China o la India, los primeros escritos que documentan y describen los beneficios del drenaje postural tal como lo conocemos hoy, datan de 1901, cuando el médico William Ewart lo describió para el tratamiento de las bronquiectasias, una enfermedad pulmonar crónica.
Posteriormente, a lo largo del siglo XX, esta técnica se popularizó y se perfeccionó, especialmente en el ámbito de la medicina de urgencia y la rehabilitación.
Esta técnica ha sido una herramienta importante en el tratamiento de afecciones respiratorias en la medicina militar, pero no hay un acontecimiento específico o una innovación destacada de esta técnica que haya ocurrido durante dicho conflicto bélico.
La fisioterapia respiratoria en general, que incluye el drenaje postural, ha sido fundamental en la atención médica militar para tratar a soldados heridos con lesiones torácicas, traumatismos pulmonares y neumonía. Los avances en este campo se han dado a lo largo de diversos conflictos.
En su lugar, el drenaje postural forma parte de un conjunto de conocimientos médicos que se han aplicado de manera consistente en la atención de heridos y enfermos a lo largo del siglo XX y XXI, evolucionando con el tiempo para ser más efectivos y menos invasivos.
Que es el drenaje postural
El drenaje postural es una técnica de fisioterapia respiratoria que busca mejorar la eliminación de las secreciones acumuladas en los pulmones. Esta técnica se basa en el principio de la gravedad, aprovechando distintas posiciones del cuerpo para que la mucosidad de los pulmones se desplace hacia las vías respiratorias mayores, desde donde puede ser más fácilmente expulsada a través de la tos.
¿Cómo funciona?
Para realizar el drenaje postural, el paciente se coloca en una serie de posiciones específicas, que pueden ser acostado boca arriba, boca abajo o de lado, a menudo con la cabeza inclinada hacia abajo (posición de Trendelenburg) o sobre almohadas, para que la gravedad ayude a movilizar la mucosidad. Cada posición se mantiene por un período de tiempo determinado, usualmente entre 5 y 10 minutos, lo que permite que las secreciones drenen desde los segmentos pulmonares afectados.
Para potenciar su efecto, el drenaje postural se combina a menudo con otras técnicas como:
- Percusión (clapping): Se realizan golpeteos rítmicos y huecos sobre la pared torácica con las manos en forma de «cuenco». Esto ayuda a aflojar las secreciones que están adheridas a las paredes de los bronquios.
- Vibración: Se aplican vibraciones suaves y rítmicas con las manos planas sobre el tórax mientras el paciente exhala. Esto también contribuye a desprender las secreciones.
A pesar de ser una técnica clásica y efectiva, en la actualidad ha sido en gran parte sustituida por métodos de fisioterapia respiratoria más activos y modernos, que requieren una mayor participación del paciente y han demostrado ser más eficientes, como las técnicas de espiración forzada o lenta. Sin embargo, sigue siendo relevante en el tratamiento de ciertas patologías como la fibrosis quística, donde la producción de mucosidad es abundante y persistente.